♾ de Mayo

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“Ley de Vida”.

Siempre que perdemos a alguien nos consolamos diciendo esa estúpida frase hecha.

Y tiene sentido por el simple hecho de que todas las leyes están mal, esta no iba a ser menos.

Yo no entiendo mucho de leyes.

Pero sí que entiendo que 4 veces al año se me para el corazón.

Entiendo que la Navidad solo lo es a secas desde que os llevasteis por delante el Feliz con vuestra marcha.

Que jamás conoceréis al Amor de mi vida, ni me confirmaréis que, efectivamente, es ella.

Crecer es complicado pero no nos dijeron porqué.

He tenido estas palabras guardadas durante dos años solo porque no me atrevía a hacerme pedazos escribiéndolas.

Creo que este día bien lo merece.

Es justo recordar el legado que nos dejan nuestros abuelos.

Es ley debida.

Nunca olvidaré que viví mi infancia corriendo entre el 49 y el 72 de aquella mágica “Calle Velazquez” que me vio llegar de Barcelona.

Pero hoy es 8 de Mayo. 

Han pasado dos años pero todavía…

Intento no hablar mucho de ti porque me da miedo romperme.

Tú marcha me dolió por cuatro.

Ese día, mi Peter Pan interior volvió de “Nunca Jamás” dejando allí al niño que siempre quise ser.

Ahora sé que no sé perder y por eso no supero que alguien se vaya. Solo sé huir de la pérdida.

Diría que era tu nieto favorito pero creo que todos pensaban igual de sí mismos.

Ir a tu casa es una sensación tan rara… cuando entro al salón solo espero encontrarte sentada en tu vieja mecedora.

Y aunque te fuiste olvidando, yo nunca olvidaré que fui tu ”ratonsillo”.

En mí, eres eterna.

En mí, sois eternos.

A la vuelta de la esquina.

In Memorian: Antonia González González, Manuel Durán Camacho, Ildefonso Jiménez Castro y, especialmente, Dolores Barranco Guarnido.

 

Intocable

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Photo by Henrik Pfitzenmaier on Pexels.com

Siempre nos ha gustado mirar embobados al cielo porque somos adictos a lo inalcanzable.

A lo que nunca vamos a poder tocar.

Sin dudas de que la belleza real está en todas esas cosas que no podemos tocar…

Las estrellas, un amanecer, el Amor…

Pero he de decir que veía las estrellas cuando la miraba a ella, el cielo jamás estuvo a su altura.

Aún la sigo mirando, solo que ahora es una estrella fugaz.

Intocable.

Una guerra fría en el desierto.

Sin oasis. Sin más sombras que las que todos llevamos dentro.

Sin espada ni escudo. Hace mucho me atravesaron sus flechas.

Buscando un refugio a cualquier precio mientras “vivo” en mensajes con palabras caducadas.

Peleando contra fantasmas que ya no existen, porque ya no está.

Porque es inalcanzable.

Porque es belleza pura.

Como ese cielo al que miro cada tarde y al que nunca podré tocar.

A la vuelta de la esquina.

Antimateria

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Photo by Vlad Bagacian on Pexels.com

Sálvate.

En un acto de puro egoísmo los malos roban el tesoro de la Felicidad a los buenos.

Pero hay malos que saben que lo son y a veces son capaces de salvar a esos buenos de sí mismos.

Mirar a otro lado ya no sirve.

Asumir que has sido veneno en un corazón puro, no te salvará.

Nada puede salvarte ya.

Menos aún cuando la enfermedad eres tú.

Pero puedes salvar a los demás de esa enfermedad contagiosa, la infelicidad.

Pues si la Felicidad se transmite, la infelicidad es una peste que arrasa sonrisas.

Capaz de asolar la vida de todo lo que toca.

Convirtiendo en tinieblas todo lo que un día era luz.

Siendo una semilla tan profunda que sucumbir en ella es inevitable y salir de ella imposible.

Pero siempre nos quedará salvar de eso a quienes queremos.

Porque aunque seas veneno, nadie valora más la Luz del Amor puro, que alguien que está sumido en la oscuridad.

Y de ese Amor puro solo me sale decirte…

Sálvate.

A la vuelta de la esquina.

La última vez

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Photo by Aaron Burden on Pexels.com

El título de mi vida.

La última vez.

No volveré a fallar, ni a fallarte.

No saldré más de mí trinchera para sortear sin reflejos las balas que me lanzas para que a ella vuelva.

Prometo no molestar, ni gritar al cielo enfadado porque aquel día terminó y muchas Lunas después, la noche es un eco permanente.

Es la última vez, digo cruzando los dedos, que interrumpo el descanso por el que te fuiste.

Si me quedo sin palabras, no recuerdo si lo último que te dije de mi boca fue “Adiós” pero recuérdalo siempre como un “Hola”.

Dejo de cruzar los dedos.

Al final del día pinto el mundo de colores leyendo tu santa Biblia.

Llevo unos meses con ella y creo que sigo en el Apocalipsis.

Pero si vienes resucito.

Es la última vez, la última última vez.

La última vez.

Mintiéndome desde 1990.

A la vuelta de la esquina.

El Hogar

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Photo by Josh Sorenson on Pexels.com

He detonado todos lo puentes que me daban alguna salida.

Decidí hace tiempo que voy a inmolarme en ese corazón.

Estuve viviendo allí y fue mi casa…

Ahora, solo soy un okupa.

Me fui unas horas y desde ese momento solo me envía avisos de desahucio.

Intento no hacer ruido pero a veces necesito respirar.

Cojo aire y me escondo otro milenio, o eran unos días… el caso es que a mí se me hacen eternos.

Los dueños parecen Felices.

Intento mirar a otro lado pero la alegría se escucha muy alto en este ático.

Aquí vivo prácticamente sin Luz y sin esperanza de que vuelva, hace frío, casi a oscuras sobrevivo y me alimento de recuerdos que solo dan más hambre.

A veces quiero irme pero aunque todo esté hecho pedazos hace mucho tiempo que a tu corazón lo llamo Hogar.

A la vuelta de la esquina.

El Trueno

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Photo by Bob Clark on Pexels.com

No sé porqué, cuando veo lluvia en los cristales de mi ventana me acuerdo de ti.

Será porque cada tormenta lleva tu nombre…

Santa Bárbara celosa ya no quiere tronar. Pero sigue tronando en este cielo despejado y así es imposible olvidarte, porque jamás olvidaré que te fuiste como un rayo.

Los truenos son mi statu quo.

Siempre esta fiebre que me da paz cuando cierro los ojos.

Siempre esta vida que me da guerra cuando los abro.

Así que ahora ven, que voy a contarte como Roma no se construyó en un día.

Que las ruinas de las que escribí se han convertido en poesía.

Tengo pegamento y me sobra rutina.

Gracias por existir musa de mi cabeza, Ahora solo creo en lo que me inspira.

Lo siento Dios porque desde que la vi me hice ateo.

Ahora solo creo en su sonrisa.

Ahora solo creo que mil años de agonía por un día en paraíso, dan sentido a esta locura de vagar de por tu desierto.

A la vuelta de la esquina.

Estaciones 2.0

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Photo by Ave Calvar Martinez on Pexels.com

A estas alturas, ya habrás descubierto que los secretos no son secretos si tus ojos no paran de gritarlos.

Habrás comprobado que una promesa no se cumple en un día pero se extingue en un segundo.

Hemos sufrido que las piedras del zapato que no nos dejaban andar eran algo más y acabaron haciendo herida.

He visto que no te veo.

He tratado de parar el tiempo, pero solo lo paré en mí.

Aún estoy en aquel tranco sentado viendo que el otoño mató al verano pero no pudo con el invierno y que la primavera amenaza con florecer otra vez.

Las estaciones pasan pero el tren nunca llega.

Cerré el libro para no pasar página. Nadie quiere leer el final de algo que duele.

A estas alturas, un millón de kilómetros por debajo del nivel de tu corazón.


A la vuelta de la esquina.

De pie

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El suelo siempre vuelve a temblar cada pocos días.

Pensé que dejaría de hacerlo pero yo sigo de pie.

Sé que no crees en mí.

Pero sigo de pie.

Es complicado ser positivo en esta cabeza llena de electrones y últimamente solo me cargo con empujones.

Solo bailo si me haces dar una vuelta, aunque sé que solo me haces girar para que mire a otro lado.

A mí que me quiten la música, la fiesta acaba cuándo te vas.

No es incomprensible. Una palabra en el diccionario te explica mucho mejor todo esto de lo que te hablo.

Gritando en un lugar donde nadie te escucha.

Me estoy quedando sin estrellas fugaces a las que pedir mi deseo, ya ni pasan por si las veo.

Pidiéndole al vacío sueños llenos.

Nada funciona y yo solo tengo que decir…

Ven a ver.

Que sigo de pie.

A la vuelta de la esquina.

Fotografía de Lorena Ruiz Montes. Mil gracias como siempre.

Bajo Llave

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Sigo dándole todo a la nada.

Alimentando con luz a la oscuridad, que siempre gana.

Haciendo aviones con papel mojado.

Crucificando cada día del calendario.

Viendo que no hay vuelta, ni atrás.

Coleccionando finales alternativos en mi cabeza. En todos yo pierdo. En todos te vas.

Amando, que es gerundio.

Sigo en la cuesta abajo, en pendiente.

Siempre de ti pendiente.

No todo es horrible. Hay belleza en el dolor y poesía en la sinrazón.

Y sin razones vinimos. Sin razones vivimos.

Realmente hay mucho Amor en cada “te odio” que hemos dicho.

Y es que a veces decimos con eufemismos lo que el corazón no para de gritar.

A la vuelta de la esquina.

Entre Planetas

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Photo by Miriam Espacio on Pexels.com

La vida que tienes es la vida puedes dar.

He llegado a un punto en que de esta vida sólo me queda esperar.

Estoy cansado de decir “soy”, quiero decir “somos”.

Porque no hay nada más simple y romántico que hablar en plural.

Quiero invitarte a pasar conmigo un día en Venus.

Después lo vemos.

Te haría mi Saturno porque sólo a ti te queda bien el anillo.

Pero no te agobies que tenemos tiempo.

Si no en esta vida, si no es aquí, no te preocupes porque creo en el cielo desde que te vi.

Me contaron que Marte se puso rojo porque la Tierra le decía cada día palabras bonitas.

Aunque para cosas bonitas si quieres hablamos de tu risa.

Natural.

Como el comienzo de todo.

Como un latido del corazón.

Solo quería respirar tu aire, quedarme a vivir en ti.

Quería caducarme contigo hasta que el Sol se apagase.

Disfrutar contigo la eternidad de cada Enero y renacer con la purpurina que nos trae Febrero.

Pero…

Ya solo sé que fui una hoja más que el verano secó y el otoño tiró.

A la vuelta de la esquina.

 

PD: un día en Venus equivale a 243 días en la Tierra.