Quiero

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Dalo por hecho.

Lo que hice no lo haré.

Estoy cansado de sucedáneos del te quiero que solo sirven de placebo.

Que son medicina vacía para corazones llenos de lo superfluo.

Como cambian las cosas al final del principio.

Todos se van cuando ven el precipicio.

No sé resumir todo esto en sesenta palabras.

No te asustes, te estoy mostrando el lado bonito del drama.

Solo quiero respirar.

Tal vez suene a apología del egoísmo pero estuve buscando fuera lo que dentro llevaba yo mismo.

Solo quiero complicarme la vida haciéndolo sencillo.

Quiero que las palabras me desarmen, aunque no sea mucho de hablar.

Quiero hacer de soñar un arte.

Los sueños son el teatro en el que escenificamos nuestras fantasías.

Necesito traer ese teatro a mi día a día.

Vamos a actuar.

Bienvenidos a mi función.

 

A la vuelta de la esquina.

Títere

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La realidad.

Llevo meses deseando que esta realidad no sea real.

He puesto ganas y muchos parches.

Pero la realidad sigue entrando por todos lados.

Susurrándome antes de dormir.

Golpeándome a veces para tirarme a la lona.

Mirarse al espejo para mí, solo es ver el reflejo de la decepción.

Ya soy mayor pero qué pequeño me veo.

Tengo un máster en eso.

Por eso “a veces” estás hundido sin que antes te hayan tocado.

La vida hace trampas de vez en cuando porque ya se sabe todos los trucos.

Nosotros solo somos un títere más y algunos hace tiempo que perdimos la cabeza.

Pero somos todo corazón.

Y no hay nada más destructivo que eso.

Todos estamos perdidos ante los ojos de quien tiene todo lo que quiere.

Aunque tengo la sensación de que pasamos más tiempo queriendo a lo que no tenemos que al contrario.

Ironías de la vida.

Lo opuesto va de la mano.

Vivir y morir.

Amor y pérdida.

La antesala a un corazón parado que late más fuerte antes de apagarse.

Todo va más deprisa antes de terminarse.

Tú te fuiste en cohete, yo me quedé lentamente viendo tu partida.

A la vuelta de la esquina.

Norte

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Si lo cuentas, no pasa.

Yo quiero que pase, pero también quiero gritarlo.

No hace falta ser poeta para decir que no quiero vida sin musa.

Aunque la mía se estropeó.

Decir que no con los labios y que “obviamente sí” con los ojos, es una forma más de mentir.

Tengo que ir buscándome otra.

No me lo creo ni yo pero tú, sí.

De verdad que a veces no sé como hilarlo.

Algún día cuando encuentren mis huesos todavía sabrán que estaba hasta ellos por ti.

Pero yo quiero gritarlo.

Para saber cómo está mi cabeza cada día, suelo mirar el tiempo.

Hoy, parcialmente nublada.

Me gustabas más antes cuando al menos hablábamos una vez por semana.

No quiero hacer la autopsia a otro Amor muerto, veo todo los días a gente con el de repuesto.

No quiero estar mil años en la morgue de Cupido.

Aspirar a un papel secundario está bien si no es tu vida.

Hace meses me quitaste lo de ser el protagonista.

No hay objeto que saque de esta deriva.

La brújula siempre apuntaba a ti, es por eso que sé que cuando te fuiste perdí el norte.

 

A la vuelta de la esquina.

Armonía

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Ser prisionero del latido que le robaste a mí corazón, no es cárcel ni castigo.

Pero necesito un armisticio.

Prefiero ir sin armas y jugarme el alma.

Que estaba siempre en juego en las letras que te escribí.

Como un mapa del tesoro.

A lo Davy Jones pero sin cofre.

Sin melodías, ni cajas de música porque hace ya un tiempo que perdí el ritmo.

Cuando tú estabas en Do, yo siempre estaba en Fa.

Y para cuando yo hice mis acordes en Sí, la canción ya había terminado.

El silencio en bucle banda sonora de mi vida.

Y la verdad es que prefiero la musicalidad de lo que callamos si no escucho tu risa.

La armonía no existe porque nuestras notas no suenan a la vez.

Solo existe el momento en el que de vez en cuando orbitamos de cerca sin tocarnos.

Sin tocar nos morimos.

También es muerte dejar mi vida a la suerte de tu dulzura y jugar conmigo mismo a una ruleta rusa en la que solo disparas tú.

Hay balas que son adictivas.

Así que…

Dispara a la cabeza.

Es lo único que me queda.

A la vuelta de la esquina.

 

Fotografía de Pixbay.

El Silencio

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Me desperté en este lugar.

Al lado de la aguja y el hilo.

Sin anestesia porque pensabas que ya no dolería.

Condenado a una larga resaca de hielo derretido.

Con síntomas de congelación en todos aquellos lugares en los que me tocaste.

En plena fotosíntesis del corazón.

Porque el oxígeno eras tú y ahora que no estás no me mueve cualquier aire.

Hemos aprendido que por un paso mío y otro tuyo, hoy estamos aquí los dos pasando.

Pasaste del paso a la zancada, ganaste la carrera y de medalla un pedazo de mí te colgaste.

Y a pedazos no pude llegar a la meta.

Por eso volví a la salida esperando encontrarme de nuevo allí aunque solo mi sombra descubrí.

Sigue siendo una tortura aunque ya no grite.

El dolor sigue siendo dolor aunque no duela.

Tu tranquilidad estaba en mi silencio y me cosí los labios.

Suerte que nunca necesitaré palabras para expresar lo que siento.

Solo escribir me queda.

Lo hago en letra baja.

A la vuelta de la esquina.

♾ de Mayo

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“Ley de Vida”.

Siempre que perdemos a alguien nos consolamos diciendo esa estúpida frase hecha.

Y tiene sentido por el simple hecho de que todas las leyes están mal, esta no iba a ser menos.

Yo no entiendo mucho de leyes.

Pero sí que entiendo que 4 veces al año se me para el corazón.

Entiendo que la Navidad solo lo es a secas desde que os llevasteis por delante el Feliz con vuestra marcha.

Que jamás conoceréis al Amor de mi vida, ni me confirmaréis que, efectivamente, es ella.

Crecer es complicado pero no nos dijeron porqué.

He tenido estas palabras guardadas durante dos años solo porque no me atrevía a hacerme pedazos escribiéndolas.

Creo que este día bien lo merece.

Es justo recordar el legado que nos dejan nuestros abuelos.

Es ley debida.

Nunca olvidaré que viví mi infancia corriendo entre el 49 y el 72 de aquella mágica “Calle Velazquez” que me vio llegar de Barcelona.

Pero hoy es 8 de Mayo. 

Han pasado dos años pero todavía…

Intento no hablar mucho de ti porque me da miedo romperme.

Tú marcha me dolió por cuatro.

Ese día, mi Peter Pan interior volvió de “Nunca Jamás” dejando allí al niño que siempre quise ser.

Ahora sé que no sé perder y por eso no supero que alguien se vaya. Solo sé huir de la pérdida.

Diría que era tu nieto favorito pero creo que todos pensaban igual de sí mismos.

Ir a tu casa es una sensación tan rara… cuando entro al salón solo espero encontrarte sentada en tu vieja mecedora.

Y aunque te fuiste olvidando, yo nunca olvidaré que fui tu ”ratonsillo”.

En mí, eres eterna.

En mí, sois eternos.

A la vuelta de la esquina.

In Memorian: Antonia González González, Manuel Durán Camacho, Ildefonso Jiménez Castro y, especialmente, Dolores Barranco Guarnido.

 

Intocable

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Siempre nos ha gustado mirar embobados al cielo porque somos adictos a lo inalcanzable.

A lo que nunca vamos a poder tocar.

Sin dudas de que la belleza real está en todas esas cosas que no podemos tocar…

Las estrellas, un amanecer, el Amor…

Pero he de decir que veía las estrellas cuando la miraba a ella, el cielo jamás estuvo a su altura.

Aún la sigo mirando, solo que ahora es una estrella fugaz.

Intocable.

Una guerra fría en el desierto.

Sin oasis. Sin más sombras que las que todos llevamos dentro.

Sin espada ni escudo. Hace mucho me atravesaron sus flechas.

Buscando un refugio a cualquier precio mientras “vivo” en mensajes con palabras caducadas.

Peleando contra fantasmas que ya no existen, porque ya no está.

Porque es inalcanzable.

Porque es belleza pura.

Como ese cielo al que miro cada tarde y al que nunca podré tocar.

A la vuelta de la esquina.

Antimateria

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Sálvate.

En un acto de puro egoísmo los malos roban el tesoro de la Felicidad a los buenos.

Pero hay malos que saben que lo son y a veces son capaces de salvar a esos buenos de sí mismos.

Mirar a otro lado ya no sirve.

Asumir que has sido veneno en un corazón puro, no te salvará.

Nada puede salvarte ya.

Menos aún cuando la enfermedad eres tú.

Pero puedes salvar a los demás de esa enfermedad contagiosa, la infelicidad.

Pues si la Felicidad se transmite, la infelicidad es una peste que arrasa sonrisas.

Capaz de asolar la vida de todo lo que toca.

Convirtiendo en tinieblas todo lo que un día era luz.

Siendo una semilla tan profunda que sucumbir en ella es inevitable y salir de ella imposible.

Pero siempre nos quedará salvar de eso a quienes queremos.

Porque aunque seas veneno, nadie valora más la Luz del Amor puro, que alguien que está sumido en la oscuridad.

Y de ese Amor puro solo me sale decirte…

Sálvate.

A la vuelta de la esquina.

La última vez

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El título de mi vida.

La última vez.

No volveré a fallar, ni a fallarte.

No saldré más de mí trinchera para sortear sin reflejos las balas que me lanzas para que a ella vuelva.

Prometo no molestar, ni gritar al cielo enfadado porque aquel día terminó y muchas Lunas después, la noche es un eco permanente.

Es la última vez, digo cruzando los dedos, que interrumpo el descanso por el que te fuiste.

Si me quedo sin palabras, no recuerdo si lo último que te dije de mi boca fue “Adiós” pero recuérdalo siempre como un “Hola”.

Dejo de cruzar los dedos.

Al final del día pinto el mundo de colores leyendo tu santa Biblia.

Llevo unos meses con ella y creo que sigo en el Apocalipsis.

Pero si vienes resucito.

Es la última vez, la última última vez.

La última vez.

Mintiéndome desde 1990.

A la vuelta de la esquina.

El Hogar

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He detonado todos lo puentes que me daban alguna salida.

Decidí hace tiempo que voy a inmolarme en ese corazón.

Estuve viviendo allí y fue mi casa…

Ahora, solo soy un okupa.

Me fui unas horas y desde ese momento solo me envía avisos de desahucio.

Intento no hacer ruido pero a veces necesito respirar.

Cojo aire y me escondo otro milenio, o eran unos días… el caso es que a mí se me hacen eternos.

Los dueños parecen Felices.

Intento mirar a otro lado pero la alegría se escucha muy alto en este ático.

Aquí vivo prácticamente sin Luz y sin esperanza de que vuelva, hace frío, casi a oscuras sobrevivo y me alimento de recuerdos que solo dan más hambre.

A veces quiero irme pero aunque todo esté hecho pedazos hace mucho tiempo que a tu corazón lo llamo Hogar.

A la vuelta de la esquina.