Quemaduras

Somos fuertes, pero no tanto como creemos.

Siempre pensamos que no somos débiles antes nadie pero todos tenemos alguna debilidad.

A veces volar cerca del Sol quema, sobre todo cuando ya has descubierto que no sirve de nada protegerte de algo tan grande.

Es tener esa sensación de que no importa donde te escondas, al final siempre te llega algún rayo de esa luz, un diminuto haz.

Esa luz que te atraviesa y te radiografía el alma, destripa todas tus verdades y te desnuda.

Te deja indefenso.

Porque al final, siempre llega la noche y es ahí con la tenue luz de la Luna cuando más te dolerán esos rayos que han calado tú piel y han hecho quemadura en el corazón.

Y ya no sabes cuándo volverá a salir ese Sol.

El que vuelve a curarte. El que vuelve a “matarte”.

A la vuelta de la esquina.

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