A e H.

Nos marchitamos, es lo que tenemos en común con el otoño de las flores. Todo se marchita.

Porque hay días en los que todo se derrumba, todos tenemos un 11-S en nuestro corazón. Un día las cosas fueron bien y mal al mismo tiempo.

Si hay un día que odio es ese primer día después de la “catástrofe”. Porque ya nada es igual ni volverá a serlo.

Así que ya, coincidiendo con el otoño, es hora de que vuelva a caer todo lo que floreció durante este tiempo, es hora de estar, como siempre, desnudos sin hojas que cubran sentimientos. Es hora de endurecer la corteza, cambiar la cortesía de los ojos que miran a esta luna con las gafas de sol puestas porque ya no se fía de que hasta ella lo ciegue.

Al final las cosas acaban como empiezan o al revés, sin motivo, sin razón. Otra chispa y todo se apagó.

Otro cortocircuito que no supe arreglar.

El corazón ya sacó la bandera blanca, aquí ya no queda nada que estropear y nadie quiere al final algo hecho con remiendos. Uno de aquí, otro de allá.

Remiendos como remedio.

A la vuelta de la esquina.

 

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