(A)te(o)s

Amábamos ir al parque cada martes 13, retando a la suerte, haciendo verdad tópicos, como si no hubiera más fortuna que la de vernos sentados el uno al lado del otro.

Recorrimos de pico a pico todos los arcoíris que nos dejaba la noche. Cómo dos ciegos tentando el suelo. A oscuras porque la luz lo estropeaba todo.

Nos quedamos sin flores que deshojar buscando en alguna ese “me quiere” y nos quedó un bonito desierto.

De ese desierto siempre nos quedó arena en los zapatos, incómoda, recordando que en un día estuvimos vagando cuarenta años por él.

Superantiheroes, la antítesis de lo que está bien, matando siempre a los buenos, robando a pobres del amor para dárselo a ricos infieles del perdón.

Pasamos de dioses, nos rezábamos cada noche, tú a mí y luego yo a ti. Cómo una guerra de titanes… pero sin ser inmortales…

… Lo hicimos tanto, y tan mal, que lo convertimos en religión y nos dimos cuenta de que no existíamos.

Ahora solo somos ateos de nuestro amor.

A la vuelta de la esquina.

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