Retrato de un Amor Fantasma

Te voy a describir.

Te levantas cada mañana y el despertador es tu penitencia, no eres de las que se levantan risueñas, eres más bien de las que esperan a que el café que no he hecho en mi vida te abra los ojos. Me miras mientras te hago el desayuno, yo sé que lo haces, me pongo nervioso y las cosas me resbalan de las manos.

Después te vas a la ducha y cuando te quitas la ropa es cuando realmente veo amanecer. Yo me hago el remolón echando pasta en mi cepillo de dientes, a la tercera lo consigo, mientras te miro. Tú también sabes que lo hago pero tú no te pones nerviosa.

Me gusta ver que el maquillaje no te importa y que sin él estás más guapa. Lo mejor es que no necesitas maquillaje para el alma porque no hay nada que retocar en la tuya. Aún así tienes tu ritual y es divertido ver cómo te peleas con tu pelo, como si algo te quedase mal.

La salida del baño me gusta menos porque sé que queda poco para que te marches. Tiras la toalla al suelo y te vistes con la ropa que escogiste el día anterior pero hoy ya has cambiado de idea y decides probar otra cosa. Yo me divierto observando tu agobio.

Al terminar, 20 minutos después, llega el momento de irte y lo haces, pero sé que volverás y ya vivo en ese momento.

Me encanta pensar en ti y en todo esto anterior, la única pena que me da es que no existes y que no sé si existirás algún día. El caso es que ahora, no existes.

A la vuelta de la esquina.

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